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16Calabacitas tiernas

 

 

 

 

 

 

Todo termina, al igual que en otoño las hojas de sus ramas se separan,
como globo que se suelta de la mano de un niño e inevitablemente va de subida.
Tan escalofriante es imaginarlo que hasta los vellos de la piel se paran
y aquel que se detenga a analizarlo, podría gastar toda su vida.

Esa noche llegó Catrina a la cita, discreta, silenciosa y de luto vestía,
su obscuro velo y malignas intenciones provocaron en el lugar un susto.
El roce de sus tacones era una brujería que despertaba a la bestia
y por encima de todo lo que prefería de ella, era su firme y exquisito busto.

Se sentó frente a mí, me tomó de la mano y ambos pedimos un trago.
Solía acariciarme, besarme y ponerse a mi servicio.
Nunca logré escapar de su insistencia, sus brazos eran un sarcófago
y la obsesión de estar a mi lado le empezó a ser vicio.

Alejo, dijo: “Si no fuera porque te adoro, fumaría
y perdón si mis celos por otras mujeres sean un demonio que no se esconde.”
Cálmate Catrina, dije: “Nunca pienses que fue María,
toda herida con alcohol cicatriza y en estos tiempos ya ni el Drácula es conde.”

No lejos estaba la madrugada
y había bebido mucha cerveza.
Su cara la observé por primera vez arrugada
y dudé si ella era la misma que un día elegí con tanta certeza.

“Siempre te voy a querer de aquí y hasta al inferno
– decía yo – aunque no sé qué tanto hay de cierto,
quizás se parecen a las promesas del gobierno
y que sea más fácil convertir una jungla en un desierto.”

Su devastadora intensidad y devoradora impaciencia es por lo que no me casaría
y la locura de amor la cegaba al grado, que nunca entendió cuando la mandaba al diablo.
Yo estaba decidido a romper con nuestro pacto y libre regresar al campo de cacería.
Arte que no se practica se olvida y espero que alguno entienda de lo que hablo.

“Catrina, tuvimos una relación de alto rendimiento
pero ha llegado tristemente la hora de sepultar un sentimiento.
Mi honor en cautiverio me arrastra al rendimiento
y me da vergüenza hasta la muerte aceptar que sí te miento.”

De repente se puso violenta,
quizás porque clavé como estaca mi mirada en sus piernas.
Sin remedio mi dicción se vio lenta
y parecía Tin Tan en Calabacitas tiernas.

Espero que nadie tomé mi historias muy en serio,
a veces la inspiración florece azul como una hortensia.
Nunca ha sido fácil ser guardián del cementerio
y agradezco a mi madre porque me regaló la existencia.

Una respuesta a 16

  1. Sofia dijo:

    Querido Alejo,
    Después de leerte quedo con una vaga sensación de llenura, Me siento incapaz de decidir lo que debo hacer con lo encontrado.Es como un milagro secreto que comienza una aventura.
    Siento que solamente mirarte bastaría. Pero bastaría para qué? Para amarte? Para comprenderte profundamente? Para sonreirte?

    Creo que lo que me gusta es la imposibilidad tan obvia de quererte.

    Supongo que no te conozco, solo te he leído. Y en tus textos busqué tu suma, el mensaje de tus palabras para ver el espejo,

    Decidido, voy a buscar esa línea que te hace temblar de felicidad

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