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13X  Mi Lucha (libre)

     El marco de aquel amanecer era como una acuarela;  el fondo azul cielo como lienzo, pinceladas de nubes que lo acompañaban, el trazo espiral de un sol que se alzaba y brochazos de un horizonte que en perspectiva se alejaba. En cuanto abrí la ventana, el madrugador canto de los pájaros entró a mi dormitorio sin avisar. Era inevitable también negarle el paso a la luz de aquella mañana. El aire de afuera me alegró con ese perfume dulzón con el que coquetea. El cacareo de la cafetera despertaba el aroma de la ansiada droga de todas las mañanas. Me sentía agradecido con el polvo, de que se reuniera y encontrara sobre los objetos de mi habitación, el merecido descanso a su largo viaje cósmico. Ese día me sentía como el alumno más querido de la constancia, como un firme y favorito candidato al cuadro de honor. Me sentí además afortunado de que las plantas de mi jardín, el cual abarca dos macetas, aprovecharan con viveza el fresco y matinal rocío para su fotosíntesis. Una vez más, esa mujer de elegante vestimenta, cuyos ojos colorean la pantalla y su dicción es ejemplar, me acompañaba durante el desayuno con un informe detallado de noticias.

     Cautelosos sorbos de café a la orilla de la taza, huellas de traviesa mermelada en la piyama, moronas trituradas sobre el piso por pantuflas.  
     Todo pintaba favorable para que la inspiración vagabunda, como cónyuge que visita cuando se le da la gana, ese día se decidiera venir a visitarme y copular con mis presos pensamientos.

     Ya avanzada e instalada permanentemente la jornada, me puse a desarrugar sobre la cama mi traje de pillo (no pollo, pillo, o sea villano), ése que aunque su condena sea estar colgado en el ropero, aún me sirve de cómplice para salir a arrebatar suspiros y robar miradas.

     Me senté frente al ordenador (computadora, pues), una actividad que se ha hecho involuntaria, incontrolable y obligatoria en mi agenda. Mientras la máquina estaba en su proceso de arranque, me preguntaba una vez más ¿en qué momento mi existencia se había vuelto virtual? ¿Cómo había sido que de “persona” migré a algo que hoy se llama “perfil”?¿Cómo había comenzado con esa labor de “búsqueda”? Y justamente esa labor de búsqueda se había convertido en un ejercicio sucesivo y sumatorio, similar al problema que el matemático tiene de resolver la secuencia de Fibonacci.

     Debo confesar que utilizo la poderosa red y que soy cliente frecuente de un ente omnipresente y desconocido llamado “buscador”, al cual le exijo de todo: busco el trabajo digno, busco el bien raíz, busco amigos, busco pasatiempos, busco los números de mis finanzas, busco las respuestas a mi ignorancia, busco la traducción de mis intenciones, busco palabras a mis diálogos, busco las soñadas vacaciones, busco la banda sonora a esta escena, busco el libro que nunca escribiré, etcétera.
     E incluso me he atrevido a retarlo y he buscado lo más rebuscado e impensable:
     he buscado amparos a mis juicios;
     he buscado consuelos a mis recuerdos;
     he buscado juramentos a mis promesas;
     he buscado mercedes a mis serenidades;
     he buscado palabras a mis diálogos;
     he buscado pretextos a mis compromisos;
     he buscado refugios a mis miedos; 
     he buscado remedios a mis dolores;
     … en fin, he llegado hasta el extremo de buscar novia.

Resultados de la búsqueda

     Salí de casa alrededor del mediodía. Buscaba una ruta a la cita. El pronóstico del tiempo había fallado y en lugar de buscar protegerme de rayos ultravioleta, buscaba quitarme el frío. El viento aullaba furiosamente. Buscaba monedas en mi bolsillo. El cielo de repente amenazó con truenos y las nubes se volvieron grises y ligeramente cargadas. Un desfile de hojas secas marchaba por el pavimento y me escoltaban. Buscaba una estrategia.

     Habíamos fijado la cita un cuarto para las dos,
     mis estrategias podían ser; conciencia y con ciencia o confianza y con fianza.
     Mas mi cabeza no tenía un cuarto para las dos.

     Llegué minutos antes como es la costumbre del caballero, y ya estaba lloviendo.
     Busqué sombrilla debajo de un árbol.
     Me distrajo la alegría giratoria de los niños de un carrusel que estaba yo viendo.

     Me acordé de la clase de música de la secundaria y de las pruebas de solfeo.
     Notas que podían sonar al cierre de un triunfo o a la obertura de una desgracia,
     y al momento pensé: ¿qué podría pasar si ella llegase a pensar que soy feo?

     A pesar de los nervios, deseé tener momentos así a veces diario.
     El reloj de la torre marcaba ya un cuarto para las dos.
     Comencé a buscarla, repasando su imagen como un abecedario.

     Me paré en el punto de la cita, quizás anticipándome con pasión.
     Comprendí que la llovizna era la razón de su demora,
     pero las ansias no respetaban y me traicionaban sin compasión.

     De pronto apareció, no dudó en reconocerme, ¡qué memoria!
     A pesar de verse agitada por la prisa, lucía demasiado bella ella,
     y al tener a semejante ángel frente a mí, pensé que me moría.

     Palabras brotaron de su boca que sus labios entonaban como en canto.
     Ciento un textos intercambiamos en la virtualidad pero siento mejor la realidad.
     El ritmo de sus expresiones, esclavas de su sonrisa, eran un encanto.

     Su aguda voz quebró la frágil espera; dijo se llama Alicia.
     Le escuchaba hablar atentamente, sin embargo su melodía me dolía
     y tal vez por sugerencia de mi paranoia, presentí malicia.

     Mi propuesta espontánea fue pasar el rato en un Karaoke.
     Llegué a creer que mi don de intérprete le atraería.
     Arqueó las cejas en reacción: <<¡Éste! Me quiere ver la cara o qué>>.

     Ese día los dos buscábamos integrar un elemento binario.
     Luego coincidimos que para romper el hielo y relajar la tensión,
     la mejor alternativa era con ayuda de un elemento vinario.

     Caminamos hacia un bar. No parecía cita, sino la firma de un contrato
     Cuando avanzábamos juntos quizás debí tomarla del brazo.
     Y nunca supe si ella estaba acostumbrada a alguien cortés y con trato.

     Ya con un par copas me contó sobre su pasado amoroso de miseria.
     y sus historias me arrastraban, como si su misión hubiera sido mi sumisión.
     Y advierto que si me hubiera relacionado con ella, ¡qué de mí sería!

     – Sabes, – le dije francamente – me interesa llegar a amarte.
     – ¡Ajá! – fue su pronta respuesta – ¿además de las máscaras te gusta el espacio?,
     – y continuó – ¿o por qué te interesa llegar a Marte?

     Ella se decepcionó cuando no pude ofrecerle diamantes.
     A pesar de haber pagado la cuenta de los tragos,
     me quedé sin el premio de por lo menos hacerle de amantes.

     En el camino de vuelta a casa, no sé, tuve una sensación entre revolver y de revólver y comprendí que en lugar de con mis palabras fundirla, sólo logré confundirla.
     Preparé algo de merendar. Colgué el traje y me puse la piyama (de héroe). Busqué algo que ver en la television y finalmente, poco después, lo único que encontré fueron los incondicionales brazos de Morfeo.

2 respuestas a 13

  1. vane dijo:

    Mmmmm yo digo que vuelvas a buscar en internet, esa mujer andaba como en la Luna!

  2. Hola alex te dejo mi natel 077 431 4450 estare en el “El LOKAL” este viernes a las 20:00 te espero despues nos podemos ir a una fiesta de tu patia ;-), saludos

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